Ciudad de México

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La megalópolis del valle prometido

Es difícil imaginar que en una megalópolis como la Ciudad de México, en la que enormes rascacielos de acero y cristal se alzan sobre las calles pavimentadas para rasgar las nubes, se escondan oasis que han sabido resistir al paso del tiempo. Sin embargo, cuando se presta atención es sencillo percibir los aromas y sabores prehispánicos, escuchar los cantos milenarios de nuestros ancestros y sentir la presencia de los dioses antiguos que mantienen vivo el espíritu de los primeros pobladores del Valle del Anáhuac.

En varias zonas los caminos de asfalto curvean entre encinos, sauces y fresnos que limpian el aire, formando bosques frescos y misteriosos sobre los cerros que bordean la monstruosa urbe. Al sur de la ciudad, enormes piedras negras y porosas descansan sobre la tierra de arcilla y tepetate, provenientes de los volcanes dormidos, quienes hace siglos lanzaron sus entrañas incandescentes hacia el cielo cambiando el curso de la historia.

El clima de la ciudad es, según casi todos sus habitantes, el mejor del mundo. En otoño e invierno el aire es frío, pero un buen abrigo y un atole caliente han probado ser la solución perfecta. En primavera la temperatura sube y los árboles y matorrales se llenan de flores en una cálida explosión de color. En Xochimilco las chinampas reverdecen y los canales de aguas verdosas se llenan de trajineras que transportan a turistas en busca de aventuras, tradiciones y leyendas.

Ven a la Ciudad de México a descubrir los improbables paraísos indígenas ocultos entre la moderna infraestructura de una de las ciudades más grandes del planeta.

Qué hacer en la Ciudad de México

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